domingo, 8 de noviembre de 2009

CAPITULO 13
(Puedes leer la historia desde el principio en la etiqueta "Historia de una historia inconclusa que concluye)
Los franceses caían de manera continuada bajo el intenso fuego de mosquetería que venía desde cada apostamiento detras de cada arbusto, de cada roca.
Las vistosas formaciones que en otros campos de batalla habían sido implacables en su avance, allí estaban siendo obstaculizadas por el terreno y por la dispersión de fuerzas españolas, de superior entidad, lo que hacía practicamente insostenible un ataque eficaz.
Era la Guardia Imperial, infantería de la Guardia Imperial, la imbatida Guardia Imperial. Martín no la veía de esa manera, los franceses intentaban mantener las formaciones pero les resultaba practicamente imposible, y una vez tras otras se veían obligados a replegarse, por cada metro que avanzaban, las fuerzas guerrilleras les hacían retroceder sobre los cadaverés de sus propios compañeros.
-¡Curro!-llamó Martín, al tiempo que le señalaba con el arcabuz-¡esos gabachos intentan subir por aquel sendero
Martín había visto como un grupo de unos veinte fusileros trataban de ascender por el lado derecho de su posición, abriéndose paso a duras penas por el escarpado terreno, sin embargo, el fuego permanente de los españoles bien apostados, hacien practicamente imposible el avance.
-¡Descuida, los he visto y está protegido!-¡maldito señoritingo!-exclamó Curro.
A la derecha de los fusileros y ante los infructuosos intentos de estos de avanzar, surgió un grupo de jinetes, que intentaba apoyar a los primeros en su avance.
- ¡Ese gabacho no va a volver a fumar!-mientras apuntaba a un alto oficial francés de pelliza verde llena de alamares dorados y engominado mostacho, que desde su caballo, ricamente enjaetado y fumando en una pipa de espuma alentaba el ataque al frente de un escuadrón de Cazadores a Caballo.
El disparó erró el blanco, dando contra un árbol, y haciendo saltar astillas, lo que provocó que el caballo se encabritara y a punto estuvo de hacer rodar por tierra el jinete, quién, aprestándose al cuello del jaco, perdió la pipa e hizo volver grupas hacia el lugar de donde había venido el disparo, al tiempo que desenvainaba su espada.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Esto fué amistad y sosiego y lo demás tontería...

EL MAMELUCO Y LA SOLEDAD DEL HUSAR
Comentaba el otro día en la sección "Castañas Pilongas" que la película "Mamma Mía" era una prueba de amor hacia una chica (en concreto, la mía), pues bien, he aquí otra "prueba", en este caso de amistad y sosiego hacia un amigo que tuvo lugar hace unos años.
Un amigo, hace unos años, me comentó que habiendo visto las miniaturas de un servidor, estaba pensando en escribir una novela, cuyo personaje principal era aficionado a pintar figuras en miniatura, y para ello me pidió que le explicara el proceso de montaje y pintura.
Para ello, vino un día a casa, y uno, que es imprudente por naturaleza, cometió la "locura" de abrir la vitrina donde tenía mi colección. Como cualquier observador que se precie (como ya sabemos los que nos dedicamos a esto...), fué abrir la vitrina y las manos de mi amigo, como atraidas por un proceso irrefrenable, se fueron hacia las figuras, cogiéndolas, y haciendo que a este que suscribe, se le fueran y se le vinieran sudores y demás descomposiciones de cuerpo y mente...
Fué pasando el tiempo, y la tarde, y así explicándole como se pintaban , fueron saliendo de las vitrinas varias figuras, entres las que estaba esta que os presento, un Mameluco. Con el tiempo, servidor, se fué tranquilizando, al ver que las fugras seguían bien (y eso pese a los esfuerzos de mi amigo que seguía cogiéndolas como el que coge fruta en el mercado para probarla).

Llegó la hora de la despedida y comencé a guardar las figuras nuevamente en la vitrina, pero quedó una...el mameluco. No sé exáctamente en que momento, por qué, o cómo, pero mi amigo, que hasta entonces había jugado con la muerte sin saberlo, finalmente se decidió a dar el paso nefasto...Al recoger las llaves de encima de la mesa, y junto con una carpeta, enganchó a saber con qué las llaves, y la carpeta al mameluco, el cuál sin pensánserlo dos veces alzó un vuelo absolutamente descontrolado a una distancia de mettro y medio sobre la mesa, y cual Darth Maul vencio por Obi Wan , cayó nuevamente partido en dos piezas a la altura de la cintura, al tiempo que se desparramaban piostola, arcabuz, espada y demás útiles, al contacto con el tablero...

Yo no sé exactamente la cara que puse (eso lo vió mi amigo), pero si alguién estuvo a punto de morir esa misma tarde, fué mi amigo. Contrariamente, "compuse" como pude el gesto, "Nada, no te preocupes, no pasa nada...estas cosas...ocurren.." (y luego salen en los períodicos en la página de sucesos "inexplicablemente dos amigos se pelean y uno es encontrado con una silla incrustada en la cabeza", pensé yo).

Pero no, no pasó nada,

Al cabo del tiempo, el Mameluco, a base de cianocrilato, pintura, paciencia y vástagos de metal, se "restableció" de sus "heridas". Años después, paseando por la Feria del Libro de Málaga, ví un título que me atrajo la atención por "familiar" y por lo familiar de la fotografia de la portada, el libro se titulaba "La Soledad del Húsar", el autor, José -Pepe- Melero Martín, quién pocos días después me llamaba para invitarme a la presentación del libro, a la que acudí gustoso, y en la que pasamos todos los asistentes un rato francamente divertido, cuando Pepe contó la anécdota del Mameluco.

lunes, 2 de noviembre de 2009

CAPITULO 13
(puedes leer la historia desde el principio en la etiqueta de este Blog "Historia de una historia incompleta que concluye)

Henry logró a duras penas tomar su cabalgadura, asustada por el repentino ruido, y junto con otros tres cazadores puso rumbo, como pudo hacia el río, buscando ponerse a salvo. Cuatro más le siguieron a pocos metros instantes después.
Edmond se dirigió a los establos, y al tiempo que intentaba llegar a su montura, una sombra, profiriendo un grito de muerte, se avalanzó sobre él. Sin apenas mirar, y fajado en combates cuerpo a cuerpo, disparó a bocajarro haciendo blanco.

A sus pies, como un saco, cayó la mujer que hacía pocos minutos aún estaba sirviéndoles bebida y comida, su camisola blanca ahora estaba cubierta de una mancha de color oscuro aún humeante por la quemazón de la pólvora que poco a poco se volvía carmesí...Mercier apenas la miró, sin embargo, los ojos sin vida de aquella mujer se clavaron en los suyos, y de repente, en aquellos ojos, como un sortilegio volvieron a aparecer los de aquél muchacho...aquella noche...aquella maldita noche de Mayo...en Madrid...

Los disparos de arcabuz se oían a sus espaldas cuando picó espuelas detrás del resto de sus hombres hacia el bosque, para cruzar el río.

Había que informar.La emboscada en aquél lugar podía ser sencillamente una escaramuza, pero después de lo que hasta entonces había visto en estas tierras, y con la rapidez que se movían los españoles y el conocimiento del terreno, también podían ocultar un fuerte contigente de aquellos malditos civiles,... "guerrilleros" se llamaban a ellos mismos, que podrían frustar los planes del Emperador, y que después de apenas seis meses de campaña, habían conseguido aterrorizar los corazones de las más altivas tropas de la Gran Armée por su crueldad y fiereza...

No sabía cuantas bajas había sufrido su pelotón pero había visto caer al menos a dos de sus hombres y en la lejanía, al volver la cabeza pudo observar como aquellos partisanos se avalanzaban sobre un tercero que apenas había podido subir a su montura, derribándolo del caballo, y haciendo rodar por tierra a jinete y jaco...

La cara le hervía, y al mismo tiempo la sentía húmeda, posiblemente sería la humedad de su propia sangre, o quizás de la salpicada de aquella mujer resbalando por su cara, pero ahora no había tiempo, ahora solo era tiempo de poner terreno de por medio y salvar la vida...más tarde, informaría sobre lo sucedido...

Oficial de Cazadores a Caballo de la Guardia Imperial. España 1808

Como decía en el post/entrada en el que iniciaba la historia del Teniente Mercier, este personaje me vino a la mente mientras desarrollaba un breve paso a paso en el foro de la Web Galeria de Autor. Allí fuí desarrollando el proceso de pintura de la figura que se observa en la cabecera de mi Blog, y al mismo tiempo la historia de Mercier y de Martín, historia que he ido ampliando ahora.

Personalmente creo que la historia quedaría "coja" si no la escribo en paralelo al proceso de pintura, así que aqui iré introduciendo dicho proceso, empezando por el caballo.
El animal, dado su tamaño (la escala es 90mm), tras un primera pintada a óleo en tonos bayo claro, y absolutamente "espantado" por el resultado, decidí al cabo de los meses empezar de nuevo, imprimando la pieza con aerógrafo y dándole un tono oscuro totalmente distinto, empleando negros, marrones oscuros, marrones chocolate y una gama de rojizos y marrones dorados, para las primeras luces. Todo el proceso general de luces y sombras ha sido dado con aerógrafo, empleando el pincel para la cara, ojos, y detalles de venas en patas, así como los lunares sobre la capa en la grupa, realizados con aguadas muy controladas con marrones claros.


domingo, 25 de octubre de 2009

CAPITULO 12
Mientras liaba un cigarro, Tomás observaba al muchacho que le había acompañado los últimos meses, lo había conocido cuando ambos se alistaron en Madrid con el resto de Voluntarios que se manera urgente se había formado en Madrid, y a cuyo Segundo Regimiento habían sido asignados. Aún así, ninguno de los dos vestía el uniforme reglamentario de las unidades de Línea, sino que lo hacían a la usanza, calzón corto, faja encarnada, botín y zapato de becerro, zamarra de lana larga, sombrero calañés.

Ahora se encontraban a poca distancia de los gabachos.

El chico dio un respingo y levantó la cabeza, sobresaltado al escuchar el sonido seco e inconfundible de la arcabucería.

- Tranquilo -le calmó Tomás-, esos aún están a varias leguas de aquí, puede que sea en Sepúlveda, tengo entendido por lo que me dijo el Gallego que el pueblo está bien guarnecido y parece ser que el mísmísimo Napoleón viene hacia nosotros con todos sus soldaditos emplumados, no creo que pasen de aquí cuando lleguen, esos cañones destrozarán a esos malditos herejes... Los cañones a los que se refería Tomás eran las cuatro baterías que habían sido dispuestas a lo largo del camino que iba en paralelo a lo largo del río Duratón, desde el puente de piedra hasta casi alcanzar la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad. Un total de dieciséis cañones que bloqueaban literalmente el camino de acceso, lo que haría prtacticamente infranqueable el paso de las tropas sin un desproporcionado y brutal número de bajas, que podría ser barrido por la metralla...
Se suponía que eso sería suficiente para parar a Napoleón en su avance hacia Madrid.

El chico volvió a su tarea, limpiando su arcabuz. Nunca había pronunciado una sóla palabra, ni un sonido, Tomás pensaba que era mudo, sin embargo, de manera paradójica tenía un agudo oído y entendía cada palabra que se le decía, ni siquiera sabía su nombre, se limitaba a llamarle chico, y él, respondía de manera absolutamente dócil.
No tendría más de diecisiete años, pero tenía en el fondo de sus ojos una expresión, una mirada que hacía suponer un terror que iba más allá de lo soportable por un crío de su edad. - ¿Sabes chico? creo que a ese maldito francés no le quedarán ganas de seguir por aquí cuando compruebe el recibimiento que le hacemos los españoles, esos que viene con él, viene por dinero, son un ejército pagado, pero nosotros, nosotros luchamos por defender nuestro suelo, y además -añadió haciendo un gesto con la cabeza hacia la pequeña ermita que había a unos cientos de metros- tenemos a la Virgen con nosotros.
El muchacho sonrío en silencio.








jueves, 22 de octubre de 2009

¡FELICIDADES POR ESOS 50 AÑOS!

domingo, 18 de octubre de 2009

CAPITULO 11
Los primeros disparos de mosquetería rompieron el tenso silencio, y las primeras bajas gabachas abrieron huecos en las filas, que eran inmediatamente reemplazadas, procurando mantener a duras penas las marciales formaciones en línea, pero aquél no era terreno para la organizada guerra de Napoleón.
Por el despliegue, Antón calculó que tenían enfrente unos cuatro batallones de fusileros, unos 2.400 hombres aproximadamente, que avanzaban de manera dificultosa bajo el fuego graneado de los guerrilleros -unos 4.000 hombres había escuchado la noche anterior a un oficial- que además se encontraban apostados en los barrancos y rocas, y apoyados por seis piezas de artillería.

Lo abrupto de aquel barranco, y la disposición de las fuerzas de guerrilla, impedían el despliegue de aquellos fusileros.

Martín apuntó y disparó, quedó impresionado, donde hacía un momento había un rostro, ahora había un trozo de carne sanguinolenta que caía a unas decenas de metros de donde se encontraba.
Hasta ese momento había participado en escaramuzas contra los franceses, pero era la primera vez que mataba a uno. Era la primera vez que veia la muerte cara a cara.

- ¡No te vengas abajo, boquerón! - escuchó que a pocos metros le decía Curro, llamándolo por el apelativo con el que se conocía a los malagueños- acuérdate de tu hermano, a él lo mataron sin razón, pero ese malnacido extranjero, seguramente lleve muchos de nuestros muertos en su jodida mochila...


Justo en el momento que se giraba mientras cargaba de nuevo, dos franceses se avalanzaron hacia él, uno de ellos resbaló en el verdín del musgo húmedo, perdió el equilibrio y cayó, el otro fué derribado de un culatazo de arcabuz por Anton, que saltó como un felino sobre él por encima del propio Martín, quién reaccionó y acometió con el mosquete a medio cargar contra el otro francés caido.

El ambiente empezó a llenarse de humo proveniente de las sucesivas descargas, los gritos de dolor, los disparos de mosquete crispaban el aire.

Los franceses, fusileros al mando de Savary, en lugar de seguir avanzando en columna abriéndose camino hasta Sepúlveda, que hubiera sido lo lógico y lo militarmente aconsejable, para tomar la plaza, se habían desviado hacia el este, y estaban entablando un desigual combate con la feroz guerrilla, conformada por unos cuatro mil hombres apostados en abanico detrás de cada árbol, de cada tronco, de cada roca, de cada zanja del terreno.

Esa, no era la guerra de los generales de Napoleon...pero desde aquel 2 de mayo, los franceses habían conocido otra manera de hacer la guerra, una guerra feroz, despiadada, fuera del orden de aquellos emplumados mariscales, fuera de las ordenadas formaciones, de las gloriosas cargas de caballería, aquella era una guerra de hombre a hombre, de casa a casa, una guerra en la que había que tomar cada árbol, cada roca, cada barranco, porque dejar un enemigo atrás podía significar la muerte...

viernes, 16 de octubre de 2009

CAPITULO 10
Edmond, unido a la Guardia Imperial, avanzaba hacia el sur, desde Aranda, adonde había llegado el Emperador el día 23. El despliegue y avance de tropas bajo la directa supervisión de Bonaparte, estaba siendo una cuestión delicada por el desconocimiento cierto que las patrullas de reconocimiento tenían de las fuerzas enemigas...

El teniente Mercier había recibido órdenes de actuar como patrulla de avanzadilla por delante del resto del Ejército. Era mediodía y junto con Henry y el resto del destacamento, tras abrevar los caballos en el pequeño río que acababan de cruzar por un pequeño puente de piedra, decidieron hacer un alto para comer algo.

No muy lejos, divisaron una pequeña torre, un campanario, no se distinguían edificios, más bien parecía un asentamiento de campesinos con pequeñas casas desperdigadas. El lugar no parecia peligroso y se dirigieron hacia allí con precaución en busca de viandas

- Buenos días mujer- saludó Mercier intentando no causar temor en la joven que apareció por detrás del cobertizo de la pequeña casa a la que habían llegado - ¿donde estamos? ¿podrías darnos algo de comer a mis hombres? -preguntó en tono suave, con un mal español, pero desplegando galantería...

La mujer, de unos treinta años, de piel morena y cabello negro cayendo a la espalda, se mantuvo temerosa a cierta distancia de aquellos soldados de los que tantas barbaridades había oído...

- Milagros, en la comarca de Valdeherreros...ese es el Río Riaza...-dijo señalando con un gesto de la cabeza- no tengo mucho ni para tantos pero queda algo de lechazo de ayer y vino de estas tierras...

-Seguro que será suficiente-replicó Edmond inclinándose sobre el borren delantero de su silla y echándose la mano al impresionante colback- Henry, ordena a los hombres que desmonten.

Edmond y Henry se habían aposentado a un lado de la pequeña habitación que en semipenumbra, servía como estancia principal de la casa, el resto del destacamento había quedado fuera, junto al establo, donde estaban abrevando y forrajeando a las cabalgaduras. El frío calaba pese al hogar encendido que había al otro extremo de la habitación.

-Mujer, sírvenos un poco más de vino...

La petición del teniente quedó sin contestar, dos estallidos secos resonaron y a continuación voces y algarabía.

-¡Nos atacan!

Edmond y su compañero saltaron de sus banquetas saliendo al exterior, justo en el momento en que varias descargas impactaban en el umbral de la puerta haciendo restallar astillas en la madera. Los hombres de Mercier corrían de un lado para otro intentando ponerse a salvo, cubriéndose del fuego que de manera esporádica cruzaba el establo.
-¡A los caballos!-gritó Mercier intentando tomar el control al tiempo que cebaba su pistola y devolver el fuego -¡A los caballos, fuera de aqui, fuera de aquí!







domingo, 4 de octubre de 2009

CAPITULO 9
Aquella mañana había amanecido fría, húmeda, y había que proseguir la marcha, aquel 25 de noviembre había llegado la noticia de la derrota de Castaños, el héroe de Bailén, en Tudela, a manos del Mariscal Lannes y desde allí se decía que, desperdigados venían a través del Camino Real desde Aranda, los restos de las tropas de línea españolas. La partida de Antón, con Martín formando parte de ella, se dirigía con el resto de aquél ejército que se había improvisado y que tan lentamente avanzaba, hacía Sepúlveda, allí, la idea era fortalecer la plaza, al mando del General Trías para detener a Napoleón.

- No confío en estos señoritingos de entorchados y charreteras -comentó Alonso- ¿donde estaban cuando esa mala bestia de Murat arrasó Madrid? ¿y ahora? míralos ahora, tenemos a ese maldito enano con infulas a las puertas de Madrid, y aquí estamos, marchando a paso de paseo...míranos, ni ejercito tenemos, y pretenden pararle los piés al gabacho...
-¡Calla y camina! - le espetó Antón - no estamos aquí para desconfiar de nadie, sino para borrar del mapa a esos herejes...Martín los escuchó y se volvió, le dirigió una mirada a Alonso...
- ¡Yo no necesito generales para saber en que barriga tengo que clavar mi toledana! ¡Ni todos esos tampoco! -agregó señalando a la ingente masa de hombres mal vestidos y peor equipados que les rodeaba - ¡todos sabemos que tenemos que hacer y contra quién, y a eso hemos venido! ¡déjate de monsergas y apura el tiempo, procura , mantener seco tu mosquete que será lo que te salve el pellejo, y no tus malditos generales!

Martín y el resto de la partida, se habían unido al grueso de las fuerzas que defenderían Sepúlveda. Las partidas de avanzadilla informaron que el mismo Napoleón había ordenado a Savary que atacara, y para ello, enviaba a dos regimientos de fusileros de la mismisima Guardia Imperial que se habían unido a la caballeria de Lasalle, la partida de Antón se encontraba al este de Sepúlveda, justo en el punto donde convergerían las fuerzas francesas.

Sin embargo, Sarden, brigadier al mando de las fuerzas en Sepúlveda (y que para mayor escarnio de los gabachos, era francés), había desplegado bien las pocas tropas de que disponía, con intención más de estorbar y retener, que de repeler el ataque.

La partida de Antón se había apostado entre las rocas, después de haberse encaramado a través de las paredes y estrechos pasajes que serpenteaban las laderas de la montaña.

- Esos malditos gabachos, vienen directos hacia aquí, creo que nos vamos a entretener un rato - comentó Antón preparando su arcabuz y acariciando la siete muelles.- No creo que podamos hacerles frente, son al menos cuatro batallones, y nosotros somos cuatro gatos...-comentó Curro.


- Si -interrumpió Martín- pero eso no lo saben, además tenemos orden de hacer de moscas cojoneras, y a eso si que no están acostumbrados esos emplumados...Bueno muchachos, preparados, vamos a darles un poco de plomo español, a ver de que son capaces...


sábado, 26 de septiembre de 2009

CAPITULO 8
Mercier se había incorporado como sus ordenes indicaban al resto de la Guardia Imperial, al mando del mismísimo Emperador, el inmenso ejército, formado por la élite de las tropas cuyas victorias escribirían letras de oro para la gloria del Imperio en Austerlitz, Jena, Eylau, se dirigía ahora hacia la capital, los españoles habían sido fácilmente derrotados, y ahora la entrada en Madrid era inminente, tan sólo traspasar el puerto de Somosierra, donde según informaciones que habían llegado, se estaba acumulando el único obstáculo para la triunfal entrada.

La guardia la componían una ingente tropa de lo mejor de la Gran Armee, los requisitos para entrar en ella eran exigentes, pero despues del reclutamiento que el General Walther había realizado, se había flexibilizado algo para poder dar composición a la ingente máquina de guerra. Ahora se encontraba formando junto a la unidad del Primer Regimiento de Caballeria Ligera Polaca que había sido incorporado a la Guardia el año anterior.

Ya había combatido con ellos en Eylau y Friedland, contra los rusos durante la campaña de Polonia, y se habían batido bien…

A Mercier siempre le había llamado mucho la atención esa unidad con sus extraños tocados de cabeza (chascas le llamaban). Sus uniformes eran muy distintos a los del resto de la caballería francesa, sin pellizas, ni dolman, era un uniforme sencillo de un elegante azul con pechera roja. Los polacos eran una unidad peculiar, en su gran mayoría, no entendían el francés, la lengua de Europa y del resto del mundo civilizado, pero habían jurado lealtad al Emperador, y así lo habían demostrado ya en varias ocasiones...Su regimiento, pese a formar parte de distintas unidades, marchaba cerca...según había oído, aquél primer regimiento estaba formado solamente pos hombres provenientes de la nobleza polaca...y ahora, como sus Cazadores, formaban parte de la selecta e imbatida Guardia del Emperador.