miércoles, 4 de julio de 2012
D. Rafael Gil y Ruiz de Platón, Oficial del Regimiento de Coraceros de la Reina.
jueves, 28 de junio de 2012
sábado, 9 de junio de 2012
Hùsar de la Princesa. Proyecto Homenaje Ferrer Dalmau
Este es el despiece original y las piezas que he utilizado, para llevar a cabo la transformación...en breve añadiré el proceso que he seguido, espero que os guste...es mi segunda transformación (la primera fué la del Polaco para el Homenaje a Dionisio Alvarez Cueto, que tuvo lugar en Toledo...)
sábado, 3 de diciembre de 2011
Después de diez años...Cesar pudo cabalgar...
sábado, 30 de julio de 2011
Retomando los pinceles...Julio Cesar en Las Galias
lunes, 7 de junio de 2010
Misión cumplida, el Polaco llegó a tiempo al Homenaje Cueto en Toledo
martes, 4 de mayo de 2010
Homenaje a Dionisio Alvarez Cueto

miércoles, 10 de febrero de 2010
(Puedes leer la historia desde el principio en la etiqueta "Historia de una historia inconclusa que concluye)
El experimentado sargento, a una simple señal, desplegó a tres cazadores que espoleando sus caballos rápidamente rodearon la sombra, uno de ellos logró atraparla.
-¡Es un chiquillo señor!- gritó el sargento mientras sujetaba al zagal por la chaqueta y lo arrastraba en volandas junto al caballo, mientras aquél no dejaba de luchar para intentar zafarse de la ferrea mano que le aferraba..
-¿Que haces aquí?- le preguntó Edmón en un entendible español- ¿como te llamas muchacho?
Uno de los cazadores le mostró a Mercier el trabuco que el chico llevaba a la espalda.
El teniente cogió el arma y lo observó detenidamente, era un arma hosca, brutal, como el carácter de los españoles con los que se había enfrentado, el ánima se abría como una boca temible que adivinaba la muerte que esparciría cuando bramara…Mercier ya los había visto esparcir muerte a manos de las partidas de guerrilleros.
-¿Como te llamas chico?-insistió Mercier mientras hacía un gesto al sargento para que aflojara la presa que ejercía sobre el muchacho.
- ¡Malditos seáis gabachos!-gritaba el chico mientras peleaba por zafarse del sargento- Me llamo Malaquias de Blas y os juro que acabaré contigo y que vengaré la muerte de mi madre...
Mercier lo miró, miró nuevamente las columnas de humo, y recordó la blanca camisola manchada de rojo de la mujer a la que había disparado y los ojos sin vida que una vez más le trajeron a su atormentada mente los de aquél chico en Madrid que aún tenían vida cuando le miraron clamando clemencia.
-¡Dejelo sargento!, no es más que un chiquillo...
El veterano sargento, resignado, bajó al chico al suelo, sin llegar a liberarlo.
- Mi teniente, en esta maldita tierra no hay un jodido español que no sea capaz de matar a un francés...-concluyó el sargento soltando al chico, al tiempo que este salía corriendo haciendo un ostentoso gesto de insulto.
Mercier hizo un gesto a su subalterno.
-Vamos Sargento, volvamos, aún queda mucha sangre por derramar, pero para mi ya es suficiente por hoy.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
domingo, 13 de diciembre de 2009
(Puedes leer la historia desde el principio en la etiqueta "Historia de una historia inconclusa que concluye)
A la vista de la situación, El Emperador había dado órdenes concretas a su Estado Mayor, al tiempo que se dirigía hacia Boceguillas: El día 30 y tras haber tomado Sepúlveda, se atacaría el paso de Somosierra, único obstáculo que quedaría para llegar a Madrid y reponer a su hermano José en el trono de España, quién se había visto obligado a salir de la Capital tras el desastre de Bailen, por lo que el grueso de las tropas, con la Guardia Imperial incluida, se dirigirían hacia la Sierra con la intención de tomar la Capital.
El teniente Mercier, junto con sus hombres, e incorporado al resto de las fuerzas francesas, cruzó nuevamente el Riaza, pasando otra vez por las cercanías de donde se había producido la emboscada a su destacamento, pero esta vez lo hacía con el resto de la Gran Armee.
Al mirar a lo lejos pudo divisar una espesa nube negra que se formaba por la columna de humo y haciendo una seña a varios de sus hombres se dirigió hacía la misma. Sabía lo que era aquello. Era la respuesta del Emperador.
A lo lejos, pudo apreciar una vez más, el horror de la guerra. No se acostumbraba a ello. Casas y campos arrasados por el fuego, y llantos y quejidos que se escuchaban en la distancia, y que indicaban la violenta muerte de los hombres de la zona. Valdeherreros había dejado de existir, sin embargo, y paradójicamente, a unos cientos de metros se veía la torre de la pequeña ermita que al parecer, no había sido objeto de ataque de la soldadesca. Decidió acercarse nuevamente, y junto a una docena de sus hombres, se apartó de la columna en dirección al pueblo, o de sus restos...
Embutido en sus pensamientos, escuchó un chasquido y una sombra se ocultó a pocos metros entre los arbustos...




